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ARTICULOS : Ocaso político del “Calderonismo”
el 30/12/2011 15:00:00 (775 Lecturas)

Enfoquemos la dimensión política personal de Felipe Calderón Hinojosa, no en cuanto gobernante, sino como figura pública, miembro de un partido, líder de un grupo oficial que ha conducido al país conforme a un proyecto democristiano de derecha, que se verá obligado a entregar el poder a un grupo antagonista, ya sea dentro de su propio partido -toda vez que su candidato a sucederlo, Ernesto Cordero, no crece ni suscita apoyos- o más probablemente, a alguno de sus archienemigos: Andrés Manuel López Obrador, abanderado de los partidos que se dicen de izquierda progresista (PRD, PT, Movimiento Ciudadano), o a Enrique Peña Nieto, candidato de una coalición de centro del PRI, secundado por el PVEM, Elba Esther Gordillo y su PANAL.

Es conspicuo el destino de los gobernantes autoritarios. Entre mayor su poder personal durante su periodo constitucional, más su declive y gradual pérdida de influencia. La concentración del mando suele generar vacíos en quien lo deja. Como en el mito de Sísifo, donde un hombre debe asumir su destino sabiéndolo inescrutable, al final de su gobierno, los políticos que han concentrado el poder en su persona se van eclipsando hasta desvanecerse, ante la necesidad de afirmarse en el gobierno de quien los sucede en el poder.

Es proverbial el ciclo del poder en México, donde tantos han hecho fortuna “sumándose” a los nuevos gobernantes o arropando a los que se van (y beneficiándose por ello), como si la historia política se inaugurase sexenalmente con la ascensión de un nuevo centro de poder, encarnado necesariamente en una persona determinada: un mandatario transitorio, gobernador, presidente.

Eso y nada más.

Tan exacerbado el ego de la mayoría de los gobernantes, tan predeterminada su visión de la realidad, que desde los albores de su temporal paso por el poder, aduladores, burócratas y grupos interesados, tienden a “venderle” la idea de posteridad política, promoviendo cada 6 años la idea de un nuevo “ismo” en la palestra local o nacional, sugiriendo que en torno a la figura del poderoso de hoy florecerán –atemporales y prósperos- grupos y personajes políticos afines, ejércitos seguidores, discípulos distinguidos y relaciones incondicionales de subordinación aunque se deje el poder.

El “calderonismo” no es excepción. Tal ha sido su desgaste que ni en su partido aceptan al candidato impulsado por el presidente que ha encabezado el sexenio más sangriento de los últimos 80 años en México. Aún así, no hay duda que Felipe Calderón ejercerá el poder hasta el último día de su mandato con la vehemencia que mostró desde la juventud, y que lo llevó a ganar la candidatura de su partido, a contracorriente, en contra de los deseos del presidente Vicente Fox Quesada, su correligionario incómodo.
Pero el presidente llega debilitado al 2012. Muestra un deterioro personal y político notable y es ostensible la vulnerabilidad de su legado en su último año de gobierno. Tal vez ha obrado con las mejores intenciones, pero concitó una guerra y se ha atrincherado políticamente en ese conflicto para tratar de convocar, sin éxito, a la unidad de los mexicanos en torno a su proyecto personal de poder.

El grupo compacto con que llegó al poder ha mostrado su mediocridad (con excepción de su esposa y principal activo), se han dispersado y él ha tenido que nombrar un secretario de gobernación por cada uno de sus años de gobierno, habiendo tenido que encabezar funerales de Estado, dar pésame a las viudas y huérfanos de 2 de ellos: Juan Camilo Mouriño (su mejor amigo y proyecto original para sucederlo en la presidencia), y Francisco Blake Mora, ambos fallecidos en lamentables accidentes aéreos que no han terminado de esclarecerse.

Como político, Felipe Calderón ha ejercido el poder conforme a su estilo personal de gobernar, es decir, en forma personalista, voluntariosa, con fidelidad a ejes centrales que aún dominan su ejercicio público: el convencimiento de la bondad del fraude electoral “patriótico”, que encabezó hace más de 5 años para evitar “peligros para México”, lo que le hizo beneficiario del voto del miedo y del apoyo de los factores reales de poder (la iglesia, los empresarios monopolistas, las televisoras, etc.), la guerra contra el narcotráfico; la apropiación del corporativismo y prácticas políticas del pasado; el proyecto de heredar el poder a un miembro de su grupo político.

A pesar de haber conseguido en forma antidemocrática imponer a 2 camaradas y paisanos como presidentes de su partido: Germán Martínez Cázares (del 2007 al 2009) y César Nava Vásquez (del 2009 al 2010), entregaron sus subalternos tan malas cuentas perdiendo tantas elecciones, que los panistas enfrentados al grupo del presidente reconquistaron el PAN, y sus cuadros históricos se han desmarcado políticamente de Calderón.

Han sido dolorosas las derrotas electorales del PAN encabezado de facto por Felipe Calderón durante su gobierno. Es natural que los panistas con dignidad vean hacia delante y se agrupen independientes para seguir luchando por el poder, más allá de los números rojos del calderonismo. Las cifras hablan por sí solas. A partir del inicio del sexenio de Calderón, el PAN vio caer su votación a nivel nacional, perdió las elecciones intermedias del 2009 y el PRI se hizo de una cómoda mayoría parlamentaria federal que le ha permitido imponer la agenda legislativa y bloquear la agenda política del presidente.

A nivel local, también el PAN de Calderón perdió muchos espacios políticos. En su ciclo de gobierno (1 de diciembre del 2006 a la fecha), se han renovado 25 gubernaturas, elecciones en las que sólo pudo celebrar 2 victorias de panistas en Baja California y Sonora, y otros 4 éxitos electorales de desertores, 3 del PRI y 1 del PRD, en Oaxaca, Puebla, Sinaloa y Baja California Sur, que encontraron cobijo en una alianza del PAN con el PANAL y/o el PRD.

Salvo las 2 victorias perredistas en el sexenio Calderonista (Michoacán y Guerrero), las demás elecciones estatales -17 a la fecha- han sido ganadas por el PRI, que arrebató al PAN Aguascalientes, San Luis Potosí, Tlaxcala, Querétaro y Yucatán durante el gobierno de Calderón. Incluso el PRI se dio el lujo en la reciente elección para renovar la gubernatura de 4 años de Michoacán, de derrotar a Luisa María Calderón, hermana del presidente, que primero proclamó su victoria en unos comicios limpios e inobjetables y al verse vencida, clamó –extemporáneamente- intervenciones ilegales del crimen organizado para favorecer a quienes merecieron el apoyo mayoritario, que no denunció cuando creía la victoria al alcance de la mano.

La influencia que tendrá el Presidente Felipe Calderón Hinojosa, sus amigos y grupo, decrecerá hasta desvanecerse, aún en el PAN, partido político del que fue dirigente juvenil y presidente nacional. A como van las cosas, ¿cuál será la herencia política de Felipe Calderón para México? ¿Cómo será recordado su liderazgo personal? ¿Quiénes elevarán la voz para reivindicarlo al finalizar su gobierno? ¿Qué hará, dónde y cómo vivirá Calderón al terminar su mandato constitucional?

De hecho, la arrasadora ventaja en el Partido Acción Nacional de Josefina Vázquez Mota -candidata presidencial ajena a su grupo- anuncia que el “Calderonismo” está acabado, aún antes del término de este sexenio, que muchos mexicanos –incluyendo destacados panistas- esperan contando los meses y los días.

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