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ARTICULOS : El inexorable camino hacia la legalización de las drogas
el 17/2/2010 23:30:00 (814 Lecturas)

A fin de instrumentar soluciones posibles a la masacre de más de 18 mil víctimas en la fallida guerra contra el crimen organizado en lo que va del sexenio, es imprescindible poner en perspectiva datos duros de la realidad que estamos viviendo. Según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) el número de personas que se incorporaron a la llamada economía subterránea –o informal- en México durante 2009 ascendió a 12.6 millones de personas, que representan 28.3 por ciento de la población ocupada, lo que significó un aumento de 938 mil personas respecto de 2008 y se estimó que el número de personas desocupadas al cierre del año pasado, ascendió a 2 millones 506 mil 595 personas, con un incremento de 583 mil 999 personas más que en 2008. De esta manera, la población desocupada en 2009 aumentó un punto porcentual de la Población Económicamente Activa (PAE), lo que aumenta en forma sostenida el número de personas actuando al margen de la ley para llevar dinero a sus casas.

En nuestro contexto de violencia, inseguridad, desesperación social y guerra contra el narcotráfico, personalidades de reconocimiento internacional como los expresidentes de México, Ernesto Zedillo Ponce de León; de Colombia, César Gaviria; de Brasil, Enrique Cardozo; el Nobel de economía Paul Samuelson y; escritores como Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes -cúspide intelectual de la Nación- coinciden que la fortaleza del crimen organizado radica en su poder económico que logra corromper a instituciones y vincularse con las altas esferas políticas y financieras de un país, por lo que, una estrategia efectiva para combatirlo parte de la base de despenalizar paulatinamente las drogas “suaves”, comenzando con la mariguana -como ha ocurrido con drogas como el café, las bebidas alcohólicas, el tabaco, psicofármacos y estimulantes menores- y socavar los recursos de los grupos criminales, exhibiendo y suprimiendo sus redes –legales e ilegales- de lavado de dinero.

Francisco Forgione, ex presidente de la Comisión Parlamentaria Antimafia de Italia, consideró que al menos 70 por ciento de las ganancias que obtiene el crimen organizado y las mafias del narcotráfico, ingresan a la economía formal. De acuerdo al Reporte Internacional de la Estrategia para el Control de los Narcóticos 2009 “el Buró Internacional de Narcóticos y Ejecución establece que en el sistema financiero mexicano –bancos, casas de bolsa y cambio legalmente constituidas- se lavan alrededor de 25 mil millones de dólares por año”(sic). Ésa no es una cifra menor, equivale al 2.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del año pasado en México; a la tercera parte de las reservas internacionales del Banco de México y; al 42.3 por ciento de la fortuna de Carlos Slim Helú, estimada por la revista Forbes en unos 59 mil millones de dólares.

Para la legalización paulatina de las drogas sobran razones prácticas, lógicas, jurídicas, económicas, históricas y humanas. Se tiene plenamente acreditado que en todas las civilizaciones, desde hace 3 mil años hasta la actualidad, el ser humano ha buscado y consumido todo tipo de drogas por los motivos más diversos: rituales, religiosos, medicinales, culturales, sociales y recreación. Actualmente el consumo de las drogas es tema tabú, pero es preciso recordar que sólo hace a partir de unos ochenta años se inició su prohibición con leyes tipo la “Ley Seca”, mediante el cual se proscribió el consumo de bebidas alcohólicas en Estados Unidos, fracasado experimento social que debilitó el tejido social e incrementó el poder y peligrosidad de las mafias criminales, y el consumo de alcohol. Es evidente que México no puede dejar de combatir al crimen organizado, e igual de claro es que la estrategia del Gobierno del Presidente Felipe Calderón ha empeorado la situación. Se podrá perseguir, capturar, encarcelar, extraditar y aún matar a los capos del narcotráfico, pero es claro que mientras los cárteles manejen enormes cantidades de dinero en un país pobre, con una enorme economía informal al margen de la Ley, con desempleo creciente como el nuestro, potenciarán su poder e impunidad, surgirán más y más personas dispuestas –y aún ganosas- de dedicarse a la producción, distribución y comercio de substancias ilegales, máxime que somos los principales proveedores y poseedores de las rutas de tráfico de drogas hacia el mayor mercado del mundo -Estados Unidos- donde por cierto hay un vigoroso movimiento que ha conseguido la despenalización de las drogas en lugares como el Estado de California.

De acuerdo a la revista World Press Review, el narcotráfico es “el mayor negocio del mundo”, ganancias que no son gravadas por el fisco pero sustentan –de forma inconfesable- economías diversas en países productores como el nuestro. La despenalización ha sido una solución probada en países como Holanda, donde desde que se despenalizó la mariguana, sus derivados y algunos hongos y psicotrópicos se ha abatido la fármacodependencia y desestructurado prósperas y peligrosas organizaciones criminales, pues al eliminar el castigo a quien comercia y consume pagando impuestos y sometido a estrictas medidas de control y prohibición total de venta a menores, el problema se hizo manejable, se vaciaron cárceles, consumidores y vendedores de drogas que según se demostró científicamente, causan menor adicción y daños a la salud que los cigarros comunes y corrientes o un pomo de aguardiente, de esos que se pueden compran en cualquier establecimiento comercial y aún en farmacias. Naturalmente para los norteamericanos, reacios a reconocer su narcotráfico interno, no hay otro camino que la guerra contra los narcotraficantes en los lugares de producción y transporte fuera de su país, pero sus intereses no son los nuestros, y nuestro gobierno debe velar por las necesidades y conveniencias de los mexicanos, no de los estadounidenses. La legalización pondría fin al exageradamente lucrativo negocio del narcotráfico ilegal, sacando a la superficie el mafioso mercado negro que ha fortalecido a los cárteles criminales que diversifican sus actividades (extorsión, secuestro, robo, homicidio, etc.) creando una cultura de la inseguridad, la ilegalidad, la corrupción y en general la “mafia” en México, donde casi todas las actividades se manejan de acuerdo a condiciones ajenas al Estado de Derecho.

A pesar de la controversia, legalizar las drogas “suaves” –o sea las que no producen adicción física y psicológica- desactivará la bomba de tiempo en que se ha convertido México, donde cada día se mata y se muere por consigna de grupos criminales sin escrúpulos, que extienden sus tentáculos hacia la sociedad y la política, causando miles de bajas y posibilitando pretextos para que el Estado socave las libertades ciudadanas argumentando una guerra contra el narcotráfico. El asunto es de la mayor importancia por lo que debe ser analizado y discutido con seriedad y amplitud, pero es claro que cotidianamente crece la legitimidad del movimiento a favor de la legalización paulatina y controlada de las drogas, a fin de que las sociedades aprendan a convivir legalmente con éstas, tal y como se ha hecho con substancias como el alcohol, el tabaco y diversos fármacos controlados. En las condiciones actuales la guerra al narcotráfico es insostenible y no hay perspectivas de éxito. A grandes males, grandes remedios. Actuemos con inteligencia y apertura. Entre más pronto diseñemos, consensuemos y pongamos en práctica una estrategia efectiva de lucha contra el crimen organizado, mejor para todos.

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