Login
Nombre:

Contraseña:

Recordar



¿Recuperar la contraseña?

Regístrese
Menú
ARTICULOS : De políticas de partido a verdaderas políticas públicas de Estado
el 29/1/2010 0:00:00 (724 Lecturas)

En épocas como ésta se pone de moda matizar los conflictos como oportunidades. Se repite -falsamente- que el ideograma chino de crisis es el de oportunidad, pero la verdad es otra, ajena a optimismos retóricos. Las crisis son momentos que conmueven a las personas y los sistemas económicos, sociales y de gobierno, implican pérdida de oportunidades, hogares que se destruyen, carreras que se truncan o malogran, ahorros que desaparecen o deudas que emergen, perjuicios a la salud, dolor, infelicidad y malestar por el insatisfactorio rumbo de los sucesos que se traducen en ansiedad, infelicidad, frustración.

Las grandes crisis –como la que atraviesa México- son momentos para reconocerse en la realidad “real” y llevar a cabo cambios -a grandes males grandes remedios- ajustes personales e institucionales acordes con la necesidad de seguir adelante y prosperar en un entorno cambiante, de retos, competencia y dificultades. El tamaño de los hombres y especialmente de los gobiernos, se mide por su capacidad de afrontar las crisis del caos dinámico que nos circunda y hacer de ellas motivo de perfeccionamiento de la convivencia social, instrumentando políticas públicas de largo aliento que impliquen apuestas colectivas de largo plazo por un futuro concreto mejor. No en balde el general Charles de Gaulle señalaba que los políticos se ocupaban y preocupaban por las próximas elecciones y los estadistas por las próximas generaciones. De acuerdo a esta premisa, está claro que en México estamos plagados de políticos y escasos de estadistas, pues lo que se impone es el cortoplacismo, el cálculo de ganancias inmediatas y la estrategia de acoso y derribo del adversario, en vez de la búsqueda de acuerdos específicos tendientes a la justicia social o de perdido al bien común.

México es rehén de intereses de grupos y partidos políticos al servicio de factores reales de poder que condicionan los cambios que exige la preocupante situación nacional. Esta semana dieron inicio en el Senado los foros para la reforma política convocada por el presidente Calderón, viciada de origen por su pretensión centralista de fortalecer aún más al sistema presidencialista en detrimento del Congreso de la Unión y las entidades federativas. De inicio se manifestaron las diferencias que harán de este proceso otra oportunidad perdida para cambiar a México. Cada quien ve sus intereses y pretende imponer sus visiones del poder, aplicar los recursos y las políticas públicas de acuerdo a sus conveniencias inmediatas, lo que genera decisiones gubernamentales personalistas, expresión de la fuerza política de individuos y grupos que no dan cuentas a la sociedad.

Ejemplo de lo señalado es la historia y resultados de la “guerra contra el narcotráfico” que no surge de un ejercicio de concertación, ni como política pública, sino a consecuencia de la necesidad de Felipe Calderón de afianzarse en el poder después de un proceso electoral sucio y controversial. El inicio se dio con el “operativo Michoacán” de resultados paupérrimos, con las consecuencias conocidas: el recrudecimiento de la violencia callejera, la criminalización de los movimientos sociales, el halago de la mano dura por parte de los medios oficiales, los miles de muertos que se calculan conservadoramente en 50 mil al final de su mandato, la espectacular captura de capos que son inmediatamente reemplazados por la cadena de mando de organizaciones criminales corporativizadas y globalizadas. Por lo que, ante el fracaso y los abusos del ejercito, se da la semana pasada el retiro definitivo de todos los efectivos militares de Ciudad Juárez; medida sintomática tomada en respuesta al clamor popular local que evidenció que el ejército era parte del problema y no de la solución y que mereció incluso la aprobación pública del embajador de Estados Unidos ante las insostenibles condiciones de vida de los ciudadanos de esa localidad, ubicados entre dos fuegos: el de la violencia criminal y la institucional, ambas impunes.

La “guerra contra el narcotráfico” es una política del Partido Acción Nacional para afianzarse en el poder, incrementar la militarización del país y conservar el apoyo de Estados Unidos, a pesar de que en esa nación –por mucho la mayor consumidora de drogas del mundo- no hay ni la violencia ni el sufrimiento que padecemos a causa del narcotráfico. Ellos tienen otra estrategia: el ataque al comercio de estupefacientes en su lugar de producción y rutas de tránsito y no en sus lugares de consumo; así como la legalización paulatina de drogas “suaves” como la marihuana, ya despenalizada en varias entidades de Estados Unidos y plenamente legal en países como Holanda y Canadá. Estudios recientes han revelado que si en México se legalizara la marihuana, de inmediato disminuiría el 50% de los ingresos del crimen organizado, se tendría un mayor control sobre su uso y se incrementarían los ingresos tributarios de la República, desactivándose los conflictos sociales y la criminalidad asociada a su siembra y trasiego ilegal en nuestro país. En ningún momento es dable sugerir que el gobierno de México debe negociar o claudicar de manera alguna ante el crimen organizado, pero es indispensable pasar de una política de partido, inspirada en las necesidades, visiones e intereses del presidente Felipe Calderón y su grupo político, a políticas públicas con estrategias definidas, consensadas y apoyadas por la mayoría de la población, con objetivos claros, medidas definidas, logros mesurables, calendarios específicos y compromisos concretos para los tres niveles de gobierno a fin de responder en forma adecuada al creciente problema de inseguridad, corrupción y violencia asociado con el narcotráfico.

La misma necesidad de pasar de políticas de “partido” a políticas públicas es aplicable también al combate a la pobreza; la necesidad de eficientar los sistemas educativo y de salud, el combate a la obesidad producto de la mala alimentación, el esquema relacional con los medios masivos de comunicación, el desarrollo económico, etc. Hoy por hoy, esas políticas son acreditables al Partido Acción Nacional. ¿Cuándo veremos políticas realmente públicas que trasciendan los sexenios? ¿Qué estrategias asumiremos con la economía y lucha contra el crimen organizado cuando deje el poder el Presidente Calderón? ¿Hasta cuándo se asumirán estrategias y decisiones sin consultar a las mayorías, articular regionalmente las visiones y compartir responsabilidades? ¿No sería conveniente ir estableciendo mecanismos para acordar políticas no del partido en el poder, sino plenamente públicas -más allá de la coyuntura- de largo plazo y basadas en acuerdos transexenales en beneficio de los mexicanos?

Versión imprimible Enviar a un amigo Crea un documento PDF con el artículo
Buscar

INICIO    ACERCA DEL AUTOR    NOTICIAS    FORO    TIENDA