Login
Nombre:

Contraseña:

Recordar



¿Recuperar la contraseña?

Regístrese
Menú
ARTICULOS : ¿Todas las libertades para todos?
el 13/1/2010 10:00:00 (2394 Lecturas)

La libertad siempre ha sido una abstracción legal. Una categoría jurídica operativa que permite la individualización de las normas legales que constituyen un sistema jurídico determinado, pero nunca ha sido una premisa absoluta aplicable a todos por igual, sin distingo de sexo, edad, religión, preferencias, ideología o condición económica, sino una aspiración discursiva que funciona muy bien a la hora de justificar las acciones de los grupos dominantes de una sociedad determinada, en las coordenadas de un tiempo y espacio específicos.

Esta reflexión se hace aplicable por los debates de nuestra sociedad acerca de cuánta libertad deben tener los ciudadanos y cuántas restricciones debe imponer el Estado a los ciudadanos respecto a la disposición de sus cuerpos, sus recursos y la educación de sus hijos.

Ante la evanescencia de los límites ideológicos entre derecha e izquierda en nuestra época, Norberto Bobbio establece que ante la pérdida de los asideros tradicionales de referencia para definir qué partido es de tal o cual filiación, el enfoque que se le da a la cantidad de libertad individual que cada uno debe disfrutar es el parámetro para definir quién es quién en el espectro ideológico global, esencia de la clasificación posicional de los partidos políticos (¿izquierda- derecha?) y los individuos respecto a sus sociedades. Estas reflexiones vienen a cuento pues, en la sociedad mexicana, los grandes debates se han centrado sobre el papel del individuo respecto a sí mismo y los derechos de disposición libertaria que el gobierno permite a los ciudadanos: la libertad de expresión y manifestación de ideas, el aborto, la eutanasia, el consumo de drogas “suaves” y el matrimonio de personas del mismo sexo. En esta entrega nos referiremos a este último tema que ha polarizado poderosamente a diversos sectores de la sociedad.

Lo curioso del debate es que, como en otros temas -que sin duda estarán superados por la realidad dentro un cuarto de siglo- los que se creen poseedores de una verdad irrefutable que no necesita ser demostrada científicamente ni discutida y que consideran prescrita por una entidad ultraterrena, han tratado de imponer su punto de vista sin argumentar nada en contra de la ampliación de los derechos ciudadanos. Es preocupante que los que creen en verdades inmutables y divinas –libres de así proceder- quieran imponer en un estado laico su religión a título de ley obligatoria para todos, creamos o no en sus prejuiciadas creencias basadas en definiciones religiosas derivadas de credos respetables, pero que no son producto de la reflexión, el debate y la demostración científica.

México ya superó la sujeción del Estado a la religión –no en balde la reforma y la revolución- y aunque gobierne un partido de derecha como el PAN, que desde su fundación ha pugnado por alianzas abiertas con el clero y la iglesia católica, no por ello debemos retroceder siglos de historia y entregar las decisiones fundamentales de la sociedad y los individuos a un grupo que se considera “iluminado” por el hecho de hacer exégesis de textos escritos hace más de dos milenios.

En naciones con un pasado católico mucho más antiguo y arraigado que el nuestro, como España y Portugal, el aborto es perfectamente legal hasta las 12 semanas posteriores de la concepción y la semana pasada se aprobó en Portugal el matrimonio homosexual por una amplia mayoría legislativa, aunque limitando las opciones de adopción para las parejas del mismo sexo.

Más allá del tema de los derechos de adopción a las parejas homosexuales, como parte de su movimiento reivindicador de las libertades individuales, donde cada vez hay más ciudadanía y menos autoritarismo, las sociedades modernas –incluyendo Estados Unidos- han venido “normalizando la situación” de las personas que deseen compartir un vínculo legal, estrechar su unión y crear una familia, sin importar su orientación sexual.

Para los historiadores del derecho, este debate es la reedición de muchos otros que hemos trascendido como el derecho de las personas a divorciarse o a utilizar métodos anticonceptivos para protegerse de enfermedades de trasmisión sexual o simplemente para estar en pleno control de su sexualidad. Los mismos sectores retardatarios y dogmáticos que plantearon que el sexo era pecado si se utilizaba para fines diferentes a la reproducción y se opusieron a que dos personas que no se amaban se separaran para seguir de una mejor manera sus vidas, son ahora los que –en nombre de una moral que consideran superior a la ley- reprueban el derecho de cada persona para disponer de sí misma de la mejor manera y vivir con plenitud la vida conforme a su gusto y preferencias.

A principios de la segunda década del siglo XXI, donde en la racionalidad jurídica occidental se impone la soberanía de la voluntad individual y colectiva, parecería inútil discutir que las minorías mandarán en un país democrático como se supone el nuestro, pero es enorme el ruido de fondo en los conservadores medios masivos de comunicación y el falso debate que se ha creado sobre un tema que en realidad no afecta nadie: quien es heterosexual seguirá su vida sin cambios y quien tenga otra preferencia sexual podrá seguirla poniendo en práctica siempre y cuando no atente contra derechos de terceros, ni ocasione o perturbe la paz pública. ¿Qué tiene de malo que se permita a las personas ser felices y vivir sin vergüenza lo que las satisface? Sea cual sea nuestra opinión sobre la pertinencia de un matrimonio homosexual ¿por qué razón debemos impedírselo a quien lo desea fervientemente como un paso para consolidar su unión? ¿Por qué no mostrar respeto a lo diferente, aunque mucho se aleje del propio parecer, imponiendo nuestro criterio personal y adelgazando el ámbito libertario de nuestros conciudadanos?

Va siendo hora de abrir los ojos y entender que México cambia cotidianamente ante nuestros ojos, que las familias se han diversificado y el amor no debería tener más limitaciones que el derecho de terceros. La cita es de San Agustín, sin duda uno de los dos principales teólogos del catolicismo: ama e fat quo vis (ama y haz lo que quieras).

Versión imprimible Enviar a un amigo Crea un documento PDF con el artículo
Buscar

INICIO    ACERCA DEL AUTOR    NOTICIAS    FORO    TIENDA