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ARTICULOS : ¿Puede la política salvar al mundo?
el 9/12/2009 10:50:00 (2465 Lecturas)

Desde su surgimiento, la política ha sido la arena donde se define quién ostenta el poder público, ejerce en forma exclusiva la violencia en un territorio determinado, impone las visiones dominantes de la realidad y hace obligatorias normas jurídicas determinadas para la convivencia y transformación de la sociedad. Al surgir la democracia en Grecia hace unos dos mil quinientos años, la política fue dignificada y definida como la actividad privilegiada de influir en las decisiones públicas de manera legal y hacerse del poder en forma institucional, integrando un gobierno capaz de hacer frente a los problemas, retos y amenazas que afectan a su pueblo.

En la actualidad, sin embargo, el surgimiento de la conciencia de conflictos globales que amenazan a toda la humanidad ha dado a la política un ámbito mundial que transciende fronteras y continentes, para ubicarse como el vehículo idóneo para la solución de los acuciantes problemas de la humanidad. El combate al hambre y la marginación, a la proliferación de armas químicas y nucleares, a las pandemias y epidemias; así como la protección de los derechos humanos, del medio ambiente y los recursos naturales esenciales, son ejemplos del nivel más elevado de la política, que ha trascendido en soluciones válidas y aplicables y que constituyen la apuesta de la especie humana para la solución de peligros para su conservación y prosperidad, más allá de las estrechas agendas de conveniencia propias de los partidos políticos nacionales y de los detentadores temporales del poder.

Hay consenso en el mundo civilizado de que sólo el ejercicio de la política y el resultante diseño e implantación de políticas globales con logros calendarizados resolverán los problemas planetarios y de que ninguna nación o grupos de naciones aisladas podrán resolver. Tal vez el ejemplo más acabado de esta necesidad de políticas más amplias, participativas y visionarias se manifiesta en la necesidad de frenar el incremento gradual de la temperatura global, que ha implicado que el clima se torne extremo e impredecible.

Son múltiples los estudios que ponen las evidencias ante nosotros, alertándonos sobre las nefastas consecuencias de las crecientes emisiones del consumo de combustibles fósiles y el resultante efecto invernadero que está incrementando la temperatura en el planeta, con la consecuente alteración y pérdidas de ecosistemas, biodiversidad y el derretimiento de las masas polares, lo que ha incrementado el nivel del mar y la violencia de huracanes, tifones y monzones, entre otras muchas y peligrosas consecuencias. Está demostrado que ese peligro tan amenazante es producto de la acción humana irresponsable y del espíritu desarrollista.

El consumismo plantea que para que los pueblos sean más felices deben rodearse de más y más nuevas cosas materiales, aún a costa de explotar, hasta, la devastación, los recursos naturales del planeta. Tan sólo recordemos esos documentales y noticiarios cinematográficos en donde se ponían imágenes de grandes maquinarias destruyendo bosques para construir plantas industriales representativas del tan ansiado progreso. De esa visión y acción desarrollista devino la actual crisis, tan evidente que nos hace cuestionarnos acerca de los alcances de la política y los políticos, sus aportaciones y limitaciones, para ponernos en la exacta dimensión de los acontecimientos.

Hemos sido testigos de cómo nuestro planeta ha cambiado por efecto de la egoísta acción humana que sólo considera su beneficio aunque cause, directa o indirectamente, perjuicios al planeta o se modifique drásticamente la sustentabilidad de los ecosistemas, deteriorando nuestra calidad de vida y comprometiendo la supervivencia de cada vez más personas; además de las otras especies animales y vegetales. Ya en la primera cumbre sobre el clima, en 1979, se habló del cambio climático como un problema de urgente resolución. En 1988 se creó el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), que recoge datos, desarrolla estrategias y organiza conferencias internacionales sobre la materia bajo el auspicio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Hasta ahora se han realizado 14 conferencias mundiales sobre el cambio climático, destacando por su importancia dos de ellas: la de Río de Janeiro, Brasil realizada en 1992, donde se acordó la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, de modo que "los ecosistemas puedan adaptarse de manera natural al cambio climático" y "la producción alimentaria no se vea amenazada" (190 Estados ratificaron la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático); y la Conferencia de Kyoto, Japón de 1997, en la que se adoptó el célebre “Protocolo de Kyoto” que representó el primer paso concreto para llevar a cabo los objetivos de la Cumbre de Río. Ahí los países industrializados, con la excepción de Estados Unidos, se comprometieron a reducir hasta 2012, al menos en un cinco por ciento la emisión de los gases de efecto invernadero más importantes, con respecto a los valores de 1990 (más de 180 Estados ratificaron el Protocolo de Kyoto).

A pesar de lo anterior, el calentamiento global se ha incrementado, sus efectos han sido catastróficos y se han ensombrecido las perspectivas de futuro, por lo que, tal vez, la política está sometida a la mayor prueba de su historia. La hermosa ciudad danesa de Copenhague será sede de la 15ª Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, del 7 al 18 de diciembre, y la comunidad internacional espera se llegue a un nuevo y ambicioso acuerdo para frenar el calentamiento global. Pese a que no fue intención de la ONU reunir a jefes de Estado, sino a los responsables del medio ambiente de los distintos países, más de 65 presidentes y líderes de gobierno han confirmado su asistencia, dada la importancia del tema.

El mundo entero espera compromisos concretos y los especialistas auguran éxito a la Cumbre pues hay un gran avance en los documentos y acuerdos entre las naciones del mundo. En los días próximos se sentarán las bases para un exigente acuerdo multilateral, vinculante e incluyente con compromisos en el corto plazo respecto al cambio climático. El tema toma especial dimensión para México pues, ante la necesidad de un seguimiento cercano al problema, nuestro país será anfitrión en diciembre de 2010, de la 16ª Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático.

La política –y los políticos- están a prueba y es poco el margen de error antes de que los efectos del cambio climático causen afectaciones mayores a las que ha padecido la humanidad en los años precedentes. Destaquemos que los escenarios del cambio climático para México y Veracruz son alarmantes, sobre todo, porque carecemos de plena conciencia del problema y recursos para enfrentar y mitigar los impactos de este fenómeno, además de padecer una elevada vulnerabilidad social, económica y política: un alto porcentaje de la población vive en zonas de riesgo, en viviendas precarias, en áreas con escasez agua, en zonas inundables, contaminadas y/o contaminantes o depende de tierras de temporal. El cambio climático causa estragos en bosques, zonas de cultivo, cuencas hidrológicas, áreas urbanas y costeras, incrementa las sequías e inundaciones. Así las cosas, el valor de la política está en entredicho y las generaciones futuras nos juzgarán por la respuesta que debimos dar a los peligros conocidos. Tenemos el poder del salvar al mundo ¿la política ayudará o estorbará? Los políticos deberán mostrar que sirven para algo más que ganar elecciones, generar esperanzas, acumular popularidad, administrar crisis y gastar recursos públicos.

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