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ARTICULOS : Calderón: tres años
el 9/12/2009 10:46:56 (2798 Lecturas)

Este martes 1 de diciembre se cumplieron 3 años de la controvertida llegada al poder del presidente Felipe Calderón Hinojosa, por lo que es pertinente hacer un balance de la mitad de su gestión. Sobre ella sólo es posible glosar la mediocridad e incapacidad de su gobierno para cumplir con su compromiso de seguridad, desarrollo y generación de empleos. Además, ha sido reconocido por cinco premios Nóbel de economía como uno de los que peor ha manejado la crisis económica global, lo que ha provocado una profunda crisis nacional, cuyo fin no se vislumbra a pesar del optimismo oficial.

Ante la evidencia del fracaso de la gestión de los gobiernos federales del Partido Acción Nacional que se manifiesta en el incremento del número de pobres, desempleados y víctimas de la violencia, es llamativo el tono y contenido del largo discurso que el presidente endilgó a la Nación para “celebrar” sus tres primeros años en el poder. Lo presentó aislado en un desayuno dominical al que únicamente invitó a sus empleados -los miembros del gabinete legal y ampliado- algunos camaradas de partido, el alto clero, empresarios beneficiarios de sus políticas y aplaudidores en general. Rodeado de corbatas azules y calentados por generadores de gas, la fría celebración quiso ser un relanzamiento mediático del sexenio de Calderón, que sabedor de que su gobierno está destinando al olvido por la falta de logros y la multiplicación de los problemas, desea ahora “transformar a México” y lanzó una serie de propuestas que ni él, ni su partido podrán hacer realidad sin el voto de las oposiciones institucionales a su proyecto de guanajuatización del país.

Previamente, la semana pasada se lanzó una campaña de entrevistas a Felipe Calderón en diversos medios, en las cuales predominaron las justificaciones y el recordatorio de las muchas dificultades padecidas. En ellas dejó deliberadamente fuera la autocrítica y omitió referirse a conflictos, como si evitando abordar los problemas éstos fueran a desvanecerse.

Lo llamativo de la “celebración” de la accidentada mitad de su período constitucional fueron las numerosas propuestas realizadas por el presidente, más propias de un discurso de ascenso al poder, que de alguien que da cuenta de su mandato. Las propuestas son, más bien, una declaración de propósitos que pretende convertir en un plan de trabajo. No obstante, su obligación es encargarse de cuestiones concretas, como sus incumplidas promesas de incrementar la seguridad ciudadana, apoyar la generación de empleos y salir de la crisis económica que, según él y sólo él, ha concluido.

Felipe Calderón Hinojosa, el presidente incapaz, el inepto, en el festejo por sus tres años de gobierno declaró que "el país no se nos fue de las manos" (explicación no pedida, culpabilidad manifiesta), reprochó la pérdida de tiempo en debates estériles (¿es estéril el debate público?) y se nos presenta ahora con el pelo pintado, renovado y optimista, como un comprometido reformador social. Plantea que propondrá en breve al Congreso de la Unión diversas iniciativas con una ambiciosa agenda: la reelección consecutiva a nivel legislativo y de los presidentes municipales, que de concretarse implicará el cambio de lema que desde 1917 distingue a nuestra República: sufragio efectivo no reelección. Llama además a la realización de una profunda reforma al principio de representatividad, que incluye la disminución de los diputados de representación proporcional; así como diversas modificaciones al régimen presidencialista; la inclusión en la ley de figuras como el referendo y la iniciativa popular; otorgarle al Poder Judicial la facultad de iniciar leyes; medidas para que "no quede ninguna sombra de duda" respecto de la equidad de los procesos electorales y obligar a la rendición de cuentas a todos los entes fiscalizables, incluyendo los partidos políticos, pero excluyendo a los sindicatos.

Ya encarrerado, toda vez que es más sencillo leer discursos que gobernar, el presidente convocó a una reforma energética de segunda generación para modernizar y fortalecer PEMEX; a la discusión de una reforma fiscal de fondo para aumentar la recaudación tributaria y elevar la competitividad del aparato productivo; urgió se concreten las reformas estructurales tan largamente postergadas en el sector laboral y de telecomunicaciones; señaló que deben desregularse más de 8,000 trámites y declaró tener "vigor renovado" para cumplir el segundo tramo de su sexenio, avizorando "tiempos mejores" (sic).

Con propuestas y palabras, el más intrascendente de los presidentes de los últimos 70 años busca revertir la baja aceptación popular a su partido, a su persona y a sus ineficaces políticas públicas. Pero desde la profundidad de sus errores ha echado mano de un recursos lógico y procedente que mucho podría beneficiar al país, asumiendo que como ya no le es posible gobernar, su papel en la historia será el de impulsar trascendentes y necesarias renovaciones jurídicas a nuestro sistema político, económico y social.

Sin duda hay omisiones importantes en la agenda propuesta, como es el caso del federalismo; el fortalecimiento del régimen de libertades y derechos ciudadanos; los injustificables privilegios de mafias sindicales y el combate a la pobreza. No abordó estos temas porque es sabido que la ideología derechista del mandatario, sus intereses particulares y sus alianzas excluyen esos pendientes de su acervo de preocupaciones. Calderón ha pugnado abiertamente por un federalismo centralizado; un régimen de libertades acotadas ante el estado de sitio virtual por “la guerra al narcotráfico”; el autoritarismo soterrado; la implementación y gasto en programas asistenciales con perspectivas de impacto electoral; así como la división maniquea de sindicatos corporativizados y antidemocráticos malos (como el SME cuya desaparición se nos presenta a posteriori como impostergable) y sindicatos corporativizados y antidemocráticos buenos (como el encabezado por su principal aliada, la impresentable Elba Esther Gordillo) que se afianza cada día más en el poder.

Los líderes del Congreso y partidos políticos, así como el gobernador de Veracruz, han señalado que habrá que tomarle la palabra al presidente, por lo que estamos ante un período de redefinición que podría ser muy productivo si se organizan y priorizan los temas, a la vez que se emprendan intensivas consultas ciudadanas sobre la pertinencia de las reformas propuestas -y las que se propongan-, a fin de establecer un punto de quiebra a las largas inercias económicas, políticas y sociales que no terminan de desaparecer y dañan cotidianamente al país.

Sean pues bienvenidas la disposición y propuestas del presidente inepto para gobernar, pero en el ánimo de realizar las tan esperadas reformas estructurales capaces de sacar a México del marasmo en que se encuentra. Se atisba una oportunidad histórica, el gobierno debe cambiar si aspira a incrementar la calidad de vida de sus ciudadanos. Es paradójico que un presidente incapaz como Calderón pueda ser el detonador de las transformaciones institucionales que tanto necesitamos. Pronto iremos viendo la sinceridad de sus intenciones y los efectos de su relanzamiento mediático como reformador social, pero también esperamos ver, para bien de México, un presidente que sepa gobernar y hacerle frente de manera decidida a los problemas que aquejan a nuestro país.

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