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ARTICULOS : ¿Hacia dónde va Veracruz? (I)
el 8/10/2009 22:40:00 (3318 Lecturas)

La interrogante acerca del destino de Veracruz tiene varios niveles. Comencemos con el análisis del contexto internacional. Durante la mayor parte de la segunda mitad del siglo pasado, la geopolítica cayó en la lógica maniquea de las dos superpotencias: los comunistas soviéticos y los capitalistas estadounidenses, quienes se disputaron el mundo de la segunda postguerra.

Los conflictos en países del “Tercer Mundo” (Corea, Vietnam, Cuba, Nicaragua, Chile, y un largo etc.) sirvieron de arena durante la etapa denominada “Guerra Fría” porque nunca se dio un enfrentamiento directo entre los dos grandes países. Resultó victorioso nuestro vecino del norte, al destruirse el muro de Berlín en 1989 y desmoronarse la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1992, entre otros acontecimientos, marcando el fin del socialismo real.

¿Cómo afectó a México el cambio de equilibrio de poder? Es bien sabido que la estabilidad y el rol político de nuestra Nación fue, en buena medida, producto de la “Guerra Fría” y, habiendo concluido ese proceso, nos alineamos abiertamente al lado de Estados Unidos, adscribiéndonos a su proyecto de dominación continental y a su visión geoestratégica.

Eso pareció favorecernos a fines del siglo XX, pues vivimos un escenario unipolar: la hegemonía económica y militar de nuestro principal socio comercial parecía imparable e incluso el historiador Francis Fukuyama propuso la tesis del “Fin de la Historia”, en la que se aseguraba el triunfo definitivo del capitalismo y que Estados Unidos mantendría su papel dominante en el concierto internacional.

El escenario cambió violentamente el 11 de septiembre del 2001. El mundo testificó cómo un grupo clandestino y multinacional de fanáticos extremistas musulmanes conmovieron los cimientos del poder norteamericanos, evidenciando la vulnerabilidad de la única superpotencia en ejercicio del rol de policía del mundo.

Después de la caída de las torres gemelas del Word Trade Center el poder estadounidense no ha hecho más que menguar; se focalizó a China augurándole para el 2020 un poder superior al norteamericano. Ésto implicó una definición nueva de México ante la comunidad internacional. Desde el punto de vista geopolítico, México y Latinoamérica pasaron a segundo término. Del 2001 al 2008 la estrategia de Estados Unidos consistió en consolidar sus alianzas y el impulso del llamado “Grupo de los 7” (G-7), formado por las economías más ricas y afines del mundo (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Canadá y Japón), como la instancia superior de acuerdos de alto nivel internacional.

El G-7 pasaría a ser G-8, al incluir a Rusia, pero ello no mejoró sustancialmente el resultado de sus reuniones. Simultáneamente se integraba el Grupo “BRIC” (Brasil, Rusia, India y China) como un referente paralelo del poder, con intereses diferentes y antagónicos a los de los G-7.

La profunda crisis económica mundial, detonada el año pasado por el colapso de la economía estadounidense, ha aterrizado en la mayor parte de los países del mundo e hizo posible la llegada de un liderazgo radicalmente opuesto a los que habíamos conocido en Estados Unidos. La originalidad de Obama no radica únicamente en su condición de afroamericano, él ha redimensionado la realidad y el proyecto histórico estadounidense, generando una nueva impronta geopolítica, acorde a la decadencia del imperio norteamericano.
Es claro que hoy por hoy, el juego sin final del poder internacional tiene más jugadores. La ONU es una institución obsoleta a la que le urge democratización. Es evidente el carácter multilateral de las acciones y decisiones internacionales. Ninguna Nación, grupo o bloque de naciones, se consideran capaces de imponer sus puntos de vista, ni dar solución a los problemas del mundo globalizado (calentamiento global, crisis económica, pandemias, terrorismo, proliferación de armas no convencionales y nucleares, etc.).

Así, los enfoques bilaterales (país a país) están destinados a naufragar en el escenario multipolar de estos tiempos. De hecho, el 26 de septiembre se reunió el llamado Grupo de los 20 (fundado hace menos de un año, y que integró a los trabajos del G-8 a México, Brasil, Argentina, Australia, Sudáfrica, China, India, Corea, Arabia Saudita, Indonesia, Turquía y al conglomerado de naciones agrupadas en la Unión Europea no representadas individualmente), con lo que queda claro que –en contra de muchas previsiones- vivimos en un contexto donde ningún país marca -por lo menos en el corto plazo- la agenda internacional, ni ostentará por sí sólo la hegemonía global. En el mundo, al igual que en México, el poder se ha regionalizado y fluye de la periferia al centro, como un vórtice.

En reconocimiento a la influencia y papel de los países “emergentes” en el G-20, el Primer Ministro de la Gran Bretaña señaló hace unos días: “Los líderes que representan dos tercios de la población del planeta acordaron un plan global sobre empleos, crecimiento y recuperación económica sostenida”.
La crisis económica que ha debilitado a todos, pero a algunos más que a otros (Estados unidos y sus socios comerciales han padecido crecimientos económicos negativos; en contraste China, la India y asociados como Brasil y Chile se han mantenido en pleno crecimiento). Pero una de sus consecuencias ha sido la necesidad de integrar esfuerzos de políticas fiscal y monetaria, coordinándose para evitar un colapso del sistema financiero internacional.

El nuevo orden multilateral debe ser aprovechado por México para librarse del saldo negativo de nuestras relaciones con Estados Unidos. Es momento de pensar globalmente y actuar localmente, buscando una nueva definición de Veracruz ante el mundo y alternativas al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), iniciativa que en 1995 fue la punta de lanza del fracasado proyecto norteamericano de dominio hemisférico, denominado Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA). Es oportuno diversificar intereses, objetivos, mercados y entablar relaciones internacionales donde seamos más reconocidos y respetados: mirar hacia China, a la Unión Europea y a la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), que es una iniciativa latinoamericanista ajena a los intereses de Estados Unidos que está uniendo a naciones como la nuestra, en condiciones de paridad, unificando la experiencia y logros del Mercosur (unión aduanera entre Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) y de la Comunidad Andina (foro de integración que incluye a Perú, Bolivia, Ecuador y Colombia).

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