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ARTICULOS : ¿Alternancia sin transición en Veracruz?
el 17/10/2016 20:02:44 (612 Lecturas)

Cada 6 años vemos –con desafortunada previsibilidad- la repetición de un guion que muy bien conocemos los mexicanos: los hombres y/o partidos políticos que han ejercido abusivamente del poder se marchan -por lo general con más pena que gloria- y el gobernante electo y su grupo político se encumbra y envanece creyendo o fingiendo que su buena voluntad significará una larga luna de miel con esa entidad abstracta que nosotros y nuestras leyes fundamentales llamamos “Pueblo” para, al culminar su gobierno, verlos irse a la mayoría de los que están llegando con las mismas caras largas y desprestigio que a sus predecesores.

Especial mención nos merecen los(as) cortesanos(as) y grupos o partidos políticos parásitos del poder que, con cada inicio y final de los inmanentes ciclos del poder renuevan sus alianzas, compadrazgos, complicidades y amasiatos. Existe toda una capa social poblacional –muy especialmente ubicada en Xalapa- que vive y vivirá clientelarmente de la adulación y servicio acrítico al poderoso; de la explotación, promoción y administración de sus egos hipertrofiados y de sus conexiones presupuestales con el dinero público, en la asimilación social, económica y política de los gobernantes, siempre siguiendo las directrices de la lealtad hasta la ignominia y hasta el “último cheque”; del discurso fácil, laudatorio, acomodaticio; de poner “sus activos políticos” a disposición de los nuevos señores que rara vez son originarios de la capital del Estado (Desde hace más de años 60 –en la persona de Marco Antonio Muñoz Turnbull- no ha habido un gobernador Xalapeño y eso que hemos tenido por gobernantes a originarios de Yucatán; San Luis Potosí y actualmente, a un oaxaqueño).

Luego vendrán las presentaciones del gabinete, los encuentros institucionales y finalmente después de miles de entrevistas y discursos, felicitaciones y parabienes, la toma de posesión del nuevo Poder Legislativo, el reajuste real de fuerzas, la toma de protesta del nuevo gobernador y las fotos oficiales. Desafortunadamente hay otra constante en los ciclos de poder que hemos vivido en nuestro siglo: la alternancia sin transición democrática ni mejoría de las condiciones de vida de las mayorías nacionales y/o estatales.

A México llegó la alternancia en el poder en el 2000 cuando el PRI fue sacado del poder a fuerza de votos por el PAN y muchas fueron las expectativas que vimos naufragar miserablemente al pensar que el cambio de las siglas, colores, ideología, partido y grupo político que llegaba al poder significaría no sólo un cambio de gobierno, sino un verdadero cambio de régimen que pondría en la cárcel a los ladrones, se erradicaría la corrupción, la impunidad y se abrirían amplios espacios para una nueva etapa democrática de prosperidad económica y justicia social. Pero el PAN no cumplió, nos defraudo. El desempeño de los presidentes salidos de sus filas fue decepcionante: Vicente Fox dilapidó el apoyo e ilusiones que concito la alternancia en frivolidades y alianzas con los factores reales de poder que habían apoyado al PRI y; Felipe Calderón –después de una elección tramposa, controversial- para afianzarse en poder lanzó al País a una guerra contra el narcotráfico sin un plan de acción realista, exitoso, ni teniendo las fuerzas combatientes necesarias para tener esperanzas de victoria. En el 2012 hubo otra alternancia y el PRI arrebato el poder al PAN, pero el gobierno de EPN–como sus antecesores panistas- reeditaron los vicios y prácticas de los gobiernos priistas autoritarios del siglo XX en México.

Hemos testificado incontables relevos gubernamentales y 2 alternancias nacionales de poder del PRI al PAN y viceversa -ojalá en Veracruz no se repita esta historia- sin que hubiera transición del régimen político que padecemos: corporativo, populista, personalista, patrimonialista, manipulador, corrupto y demagógico a uno más justo y democrático –el prometido por quienes encabezaron la alternancia- de carácter popular, racional, coherente, plural, transparente, cumplidor de sus ofrecimientos de campaña que generase una –cada vez más urgente- era nueva de prosperidad, seguridad y buen gobierno para México.

Se vislumbra ya en Veracruz lo que será la primera alternancia en 86 años: el PRI -después de haber arruinado al Estado- entregará el poder público a una Coalición PAN-PRD en la que predomina por mucho el panismo, sin que debamos dar por sentado que el nuevo gobierno por el sólo hecho de representar una esforzada, meritoria alternancia histórica, significará un cambio de régimen o una mejoría en las condiciones de vida de los veracruzanos.

Como el ciudadano sin partido que soy, asistí al jubiloso evento celebratorio de la entrega de la Constancia de Mayoría al Gobernador Electo Miguel Ángel Yunes Linares que contagiosamente emocionado, prometió la transición. Ahora nomás falta que cumpla. Se aproxima el momento de comparar expectativas con realidad para verificar si el cambio de personas y partidos en el poder no significan aquí una forma de “cambiar” para que todo siga como estaba, como ha acontecido en lo que va del siglo en México y regionalmente en Sinaloa, Chihuahua, Oaxaca y un largo Etcétera.

La transición vendrá a condición de que se desmonte definitivamente el sistema mafioso, patrimonialista y autoritario de ejercer el poder que el PRI, sus dirigentes y gobernantes instauraron en Veracruz los últimos 12 años y; no se cree un PAN-gobierno corporativo que ostentándose democrático ignore, manipule, condicione o pisotee los derechos humanos de los ciudadanos, como lo han hecho sus antecesores. Meter a la cárcel a algunos ladrones no significa ser ajeno a la corrupción. La vigencia de la justicia no llegará a Veracruz únicamente con encendidas diatribas y las condenas a los que nos han robado nuestra confianza y dinero. El Estado de Derecho será una realidad entre nosotros cuando se establezcan y respeten condiciones legales y objetivas de desarrollo para que la Ley se aplique en forma pura, simple y no vuelvan a darse en el futuro casos tan lamentables como los que han sido comprobados a los 2 últimos gobernadores de nuestro Estado, sus secuaces y encubridores.

Esperamos ver a Javier Duarte y cómplices pronto tras las rejas por sus delitos, pero el próximo gobierno debe hacer mucho más que eso para convertir la alternancia en una verdadera transición, en un cambio de régimen donde no se toleren, se combatan los actos de corrupción, crimen organizado y mal uso de los recursos públicos, al margen de simpatías personales y militancias partidarias. La filosofía griega clásica dispone: primero es el ser, luego la forma de ser. No hay corruptos, ni criminales buenos y malos, todos deben ser tratados por igual.

Para que el próximo gobierno signifique de veras un cambio de régimen, debemos desterrar la mentalidad corrupta que ha envenenado nuestra economía, cultura y vida política. Deben desaparecer el culto a la personalidad, la impunidad, el patrimonialismo y la opacidad presupuestal, la manipulación electoral, el autoritarismo que ha podrido a Veracruz. La corrupción debe ser erradica como posibilidad y castigada ejemplarmente en cuanto se cometa, sea quien sea el delincuente. No deben utilizarse los aparatos burocráticos, de procuración e impartición de justicia al servicio de finalidades personales o políticas. Debe haber congruencia, equilibrio entre el ser, el ser y el hacer.

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