Login
Nombre:

Contraseña:

Recordar



¿Recuperar la contraseña?

Regístrese
Menú
ARTICULOS : Peligros de la Democracia
el 10/10/2016 19:24:37 (645 Lecturas)

En la casa de Fernando Gutiérrez Barrios, amigo y mentor escuché mientras desayunábamos –dos semanas antes de su muerte- en su casa de San Jerónimo un sábado de 1999, en ocasión del análisis de algunos de los problemas estructurales de Veracruz que “si el pueblo decía que era de noche habría que prender las farolas” expresión muy suya que acogí con una sonrisa y de la cual discrepé amigablemente, argumentando que la labor de los gobernantes no era reflejar los deseos y preferencias –siempre coyunturales- de su pueblo, ni plegarse ante quienes podían manipularlo, sino ver por la solución de fondo de sus problemas, so pena de convertirse en marionetas, simuladores, populistas o demagogos. Mi amigo asintió socarronamente.

Recientes acontecimientos nos han puesto frente a las trampas de la Democracia –así, con mayúsculas- cuando se ejerce de forma directa y se consulta al electorado que desea hacer frente a un momento determinado, donde lo que debe privar es el sentido común e histórico, la necesidad de servir al bien común, en el marco del Estado de Derecho, con visión de futuro. Presenciamos atónitos cómo el 24 de junio pasado los británicos decidieron, mediante referéndum por menos de un 2% de la votación, salir de la Unión Europea, sin duda el esfuerzo más adelantado de integración supranacional visto en la historia humana; el 2 de octubre pasado el electorado colombiano, con un abstencionismo superior al 62.5%, decidió por menos de un .5% de la votación decirle “No” a la paz que pondría fin a una guerra que ha durado más de medio siglo y costado la vida de más de un cuarto de millón de personas en ese País y; el mundo ve aterrorizado la posibilidad de que la mercadotecnia, el discurso simplista de odio y el voto popular haga presidente de Estados Unidos a Donald Trump, a fe mía el candidato más mentiroso, racista, machista, demagogo, ignorante y egocéntrico de cuantos abanderados del partido republicano han contendido por el cargo electivo más poderoso del mundo, en los últimos 50 años. De nada han servido que los británicos más jóvenes y los más preparados abrazaran el europeísmo y el Brexit desquiciara la economía y la geopolítica mundial; que el Presidente de Colombia ganara el Nobel de la Paz por su compromiso con la pacificación de Colombia y; que Trump sea exhibido una y otra vez como el pretencioso farsante que es, podría democraticamente llegar a gobernar a un País que podría sucitar guerras en todas las latitudes.

En México, no puede uno sino inquietarse al consultar las recientes encuestas nacionales realizadas por los periódicos “Reforma”, “Excélsior” y el “Financiero” sobre el nivel de apoyo y aceptación a la democracia mexicana; sobre los derechos al matrimonio igualitario; el derecho a la adopción por parte de parejas del mismo sexo y; el derecho a las mujeres para decidir sobre su fertilidad (incluyendo el derecho al aborto); temas en los que hay opiniones muy divididas, radicales, polarizadas. Afortunadamente los miembros informados, democráticos y respetuosos del Estado de Derecho sabemos que dichos temas no deben depender de la opinión de las mayorías por tratarse de reivindicaciones derivadas de los derechos humanos ya reconocidos por nuestra Constitución, por lo que deben ser reconocidos para todos, como ha venido ocurriendo al margen de las opiniones y pareceres, pues los derechos humanos fundamentales de nadie pueden estar a votación, plebiscito ni referendo. Nuestros Derechos deben hacerse valer más allá de cualquier consideración, la igualdad es un presupuesto de las acciones legales y no existe deber jurídico más importante para el Estado - Gobierno que salvaguardarlos así se opusieran a su ejercicio la mayoría de los ciudadanos, sus gobernantes o gobiernos extranjeros como el Vaticano o nuestro poderoso vecino del norte.

La historia respalda que la conflictividad social se resuelva siempre a favor de los derechos humanos fundamentales, cuando al parecer hay un conflicto entre ellos. Si la esclavitud, el Apartheid o el reconocimiento de los derechos de las mujeres –como el sufragio o el control de su capacidad reproductiva- se hubieran sometido a votación del electorado (originalmente conformado únicamente de varones y hombres libres) sin duda ninguno de estos derechos hubiese podido ganar votación alguna. Fueron decididas acciones sociales, judiciales y políticas las que cambiaron la historia de las minorías y especialmente de las mujeres; aboliendo la esclavitud, la servidumbre y dando igualdad de derechos políticos, sociales, económicos, sexuales y laborales a todos al margen del color de su piel, raza, religión, sexo y militancia política, lo que ha llevado a la Democracia al estadio de desarrollo que hoy conocemos, lo que nos lleva -necesariamente- a la observación que instituciones como la “familia”, el “Gobierno” la “Democracia” y los propios “derechos humanos” están en constante evolución, por lo que ningún legislador o electorado debe encadenar a una sociedad a restricciones inmutables a perpetuidad. Ninguna “verdad” social ni política se ha mantenido inalterada ni lo hará, pues nuestras civilizaciones –en cuanto surgidas de nuestra realidad natural- están sometidas a las invariables leyes que gobiernan lo mismo nuestro planeta y el universo, donde lo único seguro es el cambio.

Confieso que considero a la democracia un sistema de gobierno con paradojas y peligros, pero sin duda es el menos imperfecto que ha podido diseñar y poner en práctica la civilización humana y advierto que las trampas de los procesos, las campañas político – electorales, los prejuicios, la manipulación de los medios de comunicación, los lobistas y los factores reales del poder pueden pervertir el valor y sentido de la voluntad popular y las verdaderas finalidades, valores de las democracias, sumergiendo a los pueblos en la obscuridad más absoluta. El reino del populismo, la demagogia, la manipulación y las dictaduras “perfectas” camufladas como democracias formales pasan por el gobierno no de los mejores, sino de los más populares, los más influyentes y/o los poderosos de siempre.

Por ello, hay que asumir muy próximos a México los conflictos, dilemas y contradicciones de las democracias modernas que, como en los casos de la británica, la colombiana y la estadounidense, han debido encarar controvertidos, contraproducentes procesos decisorios que, por distorsiones de la voluntad popular democrática, han generado cataclísmicas consecuencias en sus naciones y en el mundo entero. Los derechos humanos no pueden depender del visto bueno ni la aprobación de las mayorías. Es necesario reconocer que en realidad, la democracia es una abstracción, que no hay democracia eficaz sin demócratas comprometidos, responsables, racionales. Que el sufragio debe ser informado, útil y emitirse libre, ponderada y mayoritariamente, para que cada pueblo decida lo mejor para ellos.

Versión imprimible Enviar a un amigo Crea un documento PDF con el artículo
Buscar

INICIO    ACERCA DEL AUTOR    NOTICIAS    FORO    TIENDA