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ARTICULOS : Efectos de la debilidad institucional
el 19/9/2016 20:25:17 (369 Lecturas)

A fuerza de incumplir promesas y ejercer el poder sin compromisos concretos para resolver los problemas sociales, nuestros gobiernos suelen ser administradores de las muchas crisis que padecemos a nivel internacional, nacional, estatal y municipal por lo que, el ejercicio del poder los han desgastado en forma extrema –así como a los partidos políticos que los postularon- dejándonos hoy día a las instituciones públicas que viven de nuestros impuestos en un lamentable nivel de debilidad que permite que factores reales de poder se manifiesten impunes, lo mismo por cercenar derechos de igualdad y libertad que teníamos después de siglos de sangrientas luchas populares; que haciéndonos vivir cada vez más inseguros, más vulnerables frente al crimen organizado y desorganizado; rehenes de grupos económicos y políticos que en su búsqueda de beneficios sectarios de corto plazo, tienen a nuestra economía estancada, la popularidad de los gobiernos en niveles históricos de desaprobación y; nuestra moneda en brutal caída devaluatoria, a 20 pesos por dólar.

Los detentadores temporales del poder sonríen posando en familia para la imagen que divulgarán con nuestros impuestos en los medios masivos de comunicación, mientras el pueblo aprieta los dientes ante la crisis económica, inseguridad, la corrupción y la impunidad. Los políticos, sus partidos y gobiernos velan por sus propios intereses, líneas dinásticas y burocráticas mientras México está cada día más polarizado, empobrecido, ignorante, triste. ¿Cómo no se van a debilitar las instituciones de la República, si todos los días son denunciados públicamente crímenes proditorios, sin que veamos en la cárcel a los notorios criminales que los siguen cometiendo?

No sorprende que los gobiernos no apliquen la ley que ellos mismos promulgaron y que únicamente por motivaciones electorales se anuncien cruzadas en enardecidos discursos para el rescate de la Nación. Una cosa es ser candidato y otra gobernante, prometer no empobrece, cumplir es lo que define. México se mueve en ininterrumpidas coyunturas electorales donde políticos, partidos y gobiernos calculan cuáles serán sus ganancias y beneficios, cómo multiplicarán o blindarán su poder a través de los comicios y procesos legislativos. La actividad política se ha apartado de las preocupaciones, intereses y agenda ciudadana, por lo que las estructuras de poder se han tornado en torres solitarias, donde el gobernante en turno y sus convidados al ejercicio del presupuesto, se preocupan en cómo sacar ventaja personal de las instituciones gubernamentales mientras que los mexicanos, los veracruzanos, en la calle, en las escuelas, en los trabajos y en sus hogares la van pasando peor, sin soluciones a la vista para la pérdida de su calidad de vida y la degradación del tejido social y la debilidad institucional que hace posible el florecimiento, recrudecimiento de sus problemas.

Grupos delincuenciales –usualmente después de cooptar y corromper a las autoridades- se apoderan de la República e imponen su influencia e intereses particulares en el proceso de toma de decisiones de políticas públicas. Por ello los malos gobernantes y sus cómplices siguen paseándose muy orondos en lujosas camionetas escoltadas por guaruras, no obstante en la historia de México, de Veracruz no se recuerde un nivel equivalente de distancia, rechazo, desprecio a sus gestiones gubernamentales.

La debilidad institucional es producto del fracaso de los gobernantes, de su incapacidad de entender y afrontar los problemas sociales, de su soberbia para entender su función y ejercicio del poder. A esos factores debemos la propagación incontrolada de epidemias naturales como el zika, dengue, chikunguya, enfermedades de transmisión sexual, etcétera; culturales como el imperio del “hay se va”, el conformismo y el menor esfuerzo, el fundamentalismo religioso excluyente, la intolerancia al diverso, el empoderamiento de la narco cultura y la despolitización que hace que cada vez más mexicanos se abstengan de participar en política y votar por considerar que “de igual unos que otros” y; los padecimientos económicos como el pobreza, la desigualdad, la carencia de oportunidades, la devaluación, la concentración monopólica atenten contra el funcionamiento saludable de nuestro cuerpo social.

Por eso vemos, por ejemplo, al Presidente de la República recibir con honores injustificables a Donald Trump, uno de los peores enemigos de nuestra Patria y; al “Estado Laico” ceder y permitir con complacencia que vociferantes manifestantes -salidos intelectualmente de etapas históricas que creíamos superadas- instigados por sus pastores e iglesias, hayan prohibido el aborto en Veracruz y exijan que “su verdad”, es decir, la que dicen sus líderes les fue revelada a ellos por un libro sagrado: sus definiciones de familia, amor, libertad, convivencia social, sexualidad, poder, moral y educación se nos impongan legalmente a todos, al margen de nuestras convicciones y derechos adquiridos.

Vivimos en un impasse. El Presidente de la República y el Gobernador de Veracruz prácticamente no interactúan directamente con sus gobernados fuera del entorno controlado de sus palacios, actos coreografiados, acarreos, compra de conciencias y manipulación burocrática por el temor fundado a los abucheos justificados, a la merecida rechifla pública, al escarnio popular que cotidianamente les prodigamos las grandes mayorías nacionales a través de los medios, la prensa, elecciones, encuestas y manifestaciones libres, las comunidades universitarias y redes sociales.

Al aislarse, al querer evitar las consecuencias de sus ridículos, al intentar conjurar por cualquier medio su realidad y los justos reclamos ciudadanos el poder público pierde sentido, los gobernantes se vuelven patéticos y nuestras instituciones se debilitan en perjuicio común. ¿Hasta cuándo y por qué debemos tolerar que las instancias y presupuestos gubernamentales pierdan credibilidad, eficacia, transparencia, legitimidad por estar encabezados por estúpidos, incapaces, corruptos y/o corruptores?

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