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ARTICULOS : Estupideces históricas
el 5/9/2016 14:27:30 (458 Lecturas)
ARTICULOS

El historiador y economista Carlo M. Cipolla, autor de la “Teoría de la estupidez” formuló en 1988 varias leyes para integrar a la estupidez en ecuaciones descriptivas de la vida social. Su tesis, formulada en el texto “Allegro Ma non Tropo” señala que, en principio es necesario definir y cuantificar a la estupidez pues la gente estúpida son aquellos que “se causan daño a sí mismos, a otra persona o a un grupo social, sin obtener ninguna ganancia personal o social, provocándose incluso un daño inconsciente a consecuencia de sus actos” y concluyó que el conjunto de gente estúpida es más influyente y perniciosa, por su subestimado número e influencia que grupos poderosos y organizados, como la mafia, el complejo “militar industrial” e incluso más dañino que los partidos políticos.

Es este contexto humanista, la estupidez se convierte en un operativo concepto académico y pierde toda connotación ofensiva, en cuanto define al estúpido en función de sus actos –no de su persona- y establece que quienes realizan estupideces podemos ser todos y cada uno de nosotros, independientemente de educación, intenciones y capacidad intelectual, pues quien actúa estúpidamente carece del objetivo de causar daño, pero por querer dar u obtener beneficios personales o colectivos, termina por causar perjuicios claros, cuantificables -directos o indirectos- a personas que deseaba ayudar o a sí mismo. El corolario de la teoría de la estupidez de Cipolla es que, es mucho más peligroso un estúpido que un perverso, pues el segundo obtiene un beneficio por sus actos –haciéndolo por ello predecible y productivo- y sus conductas usualmente están contempladas en el catálogo de delitos, que más temprano que tarde, serán perseguidos por la justicia, mientras que el estúpido con frecuencia será impune y es impredecible por lo que es el tipo de persona más peligrosa que hay en la sociedad y que uno puede tener cerca.

Ya con este marco teórico, analicemos la realidad política nacional y local. Tanto el Presidente de la República como el Gobernador de Veracruz son estúpidos, pues aún en el caso de que hubieran sido o sean personas de buenas intenciones, sus gestiones públicas han estado marcadas por el hecho incontrovertible de que han dañado cuantificablemente a sí mismos, a sus familias, allegados y al cuerpo social que gobiernan, habiendo querido obtener -cuando menos- beneficios personales para ellos. Tanto EPN como JDO son actores políticos sujetos al escarnio cotidiano y público, porque habiendo realizado dichos y hechos a todas luces dañinos para nuestra comunidad, han terminado por condenar a su familia, persona y círculo de poder -inevitablemente- a nefastas consecuencias.
EPN es objeto de la burla nacional e internacional y sus niveles de popularidad son los más bajos registrados en la historia para un presidente en México (23% en la encuesta más reciente del Grupo Reforma, previa por cierto a la desastrosa visita oficial de Donald Tremp, notorio enemigo de México); mientras que JDO está a unos meses de concluir su mandato, con un miserable 83.6% de desaprobación ciudadana, lo que lo hace ocupar el nada envidiable título del gobernador peor visto y valorado por la ciudadanía en la historia del País (Datos de la Encuesta Nacional del “Gabinete de Comunicación Estratégica” divulgada el 2 de septiembre pasado).

A EPN su estupidez le ha significado que él, su familia y colaboradores más cercanos sean vituperados, estén desacreditados, se le acumulen y crezcan sus problemas y su estulticia e incapacidad sean exhibidas de la peor forma posible; su partido y grupo político (PRI) haya perdido y pierda día a día poder, influencia; que hayan naufragado sus “reformas estructurales” por errores en su implementación; que el País esté de mal en peor y que; a más de 2 años de su mandato, no haya expectativas de beneficios para el País, por lo que estamos en presencia de un final adelantado de sexenio, en que la agenda nacional ya está centrada en el final adelantado de su mandato, es decir, en la sucesión presidencial del 2018. Todo ello por estupideces de proporciones históricas.

El caso de JDO es peor, pues comparativamente, ha realizado en su ámbito de acción -Veracruz- más daño que EPN en el ámbito Nacional. Ya perdió e hizo perder el poder al partido del Presidente de la República, quien no pierde oportunidad de mostrarle su desprecio; echó por tierra 86 años de poder ininterrumpido priista; Veracruz está más pobre, inseguro y peor que nunca; entregará al Estado en condiciones ruinosas, de emergencia administrativa, económica, política y social; cada día que pasa está y estará más solitario, se le mira flaco, desencajado, infeliz, víctima de las consecuencias de sus malas acciones y de la lógica burocrática de la “lealtad hasta el último cheque”; ha injuriado hasta lo indecible a su sucesor, perjudicando gravemente a Veracruz y comprometiendo su futuro (juego donde hay revire, ni quien se pique…); es acosado justificada e incesantemente por una larguísima lista de delitos ampliamente acreditados que lo llevarán a la cárcel a él, a algunos miembros de su familia y a muchos de sus cómplices, por proyectos, ideas y ocurrencias que “parecieron” buenas y resultaron catastróficas. Casi todo ello –no se descartan sus vicios, como la corrupción y uso patrimonialista del poder- por estúpido.

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