Login
Nombre:

Contraseña:

Recordar



¿Recuperar la contraseña?

Regístrese
Menú
ARTICULOS : Penosos finales de sexenio
el 29/8/2016 11:40:00 (528 Lecturas)

Afortunadamente, la flecha del tiempo es univoca, siempre avanza hacia adelante, haciendo imposible -siempre- y hasta lamentable –frecuentemente- la especulación productiva de lo que hemos perdido y lo que pudo ser. En el cosmos todo parece tener un carácter cíclico: todo comienza y termina, la totalidad tenemos un principio y un fin determinados; todos los organismos y las civilizaciones nacen, se reproducen y mueren para dejar nuestro espacio y materia prima para otras entidades más complejas y evolucionadas. La política y el poder también tienen sus límites y fechas de caducidad por lo que, en un análisis histórico, los gobernantes de ayer hoy y mañana son solo detentadores personales, temporales del poder, así hayan dejado dinastías tras ellos y hayan heredado el poder a sus hijos.

Pero los tiempos de México parecen hablarnos de finales anticipados en los ciclos del poder de nuestros gobernantes. Un sexenio es mucho tiempo en términos democráticos. Es muy difícil que una elección realizada 78 meses atrás, permita la legitimidad de un gobernante al final de tan largo mandato, muy especialmente en nuestro País, de notable tradición autoritaria. Muchos de los peores excesos del presidencialismo, del voluntarismo personalista de la historia de México y sus 32 entidades federativas se han realizado después del cuarto año de gobierno por lo que, a fe mía, mucho mejorarían las condiciones de la vida nacional si en vez de los largos sexenios que padecemos, eligiéramos a los titulares del poder ejecutivo por el lapso de 4 años, siendo posible un único período adicional de reelección, pues la garantía y fueros del poder con triste frecuencia transfigura a nuestros gobernantes de populares triunfadores de elecciones, a personajes impopulares incapaces de comprenden que no les interesa y/o no entienden, ni entenderán como servir al pueblo que los eligió. Son tan paradigmáticos los excesos de los finales de gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, Luís Echeverría Álvarez, José López Portillo, Carlos Salinas de Gortari y Felipe Calderón Hinojosa, como lo es el final de la administración del Gobernador Javier Duarte de Ochoa. Aprendamos. No repitamos la experiencia.

Analicemos los finales de sexenios de JDO y del Presidente Enrique Peña Nieto que, habiendo convivido 45 meses a la fecha, corren paralelos. Sí se realizarán hoy el correspondiente referéndum revocatorio (recall election) ambos perderían por amplia mayoría los cargos de gobierno que ostentan. Los 2 son sumamente impopulares y tienen un índice estadístico histórico de rechazo. Sus gobiernos son protagonistas de escándalos y violaciones a los derechos humanos que no terminan de aclararse, cuando un nuevo escándalo llega a empeorar sus condiciones de gobernabilidad, restándoles sus limitadas capacidades de maniobra política. Los 2 entregarán malas cuentas de su administración y no serán extrañados por las mayorías cuando se vayan. Ambos han concitado un frente amplísimo, plural de oposición, desaprobación e incluso burla de los titulares e integrantes de sus gobiernos -liderado no por las burocracias ni los militantes de los partidos políticos- sino por las redes sociales, los universitarios, la opinión pública nacional e internacional, los periodistas e intelectuales reconocidos; los ciudadanos, hombres y mujeres de todas las edades y clases sociales, hartos de cinismo, soberbia e incapacidad de la peor versión del priismo que ellos representan.

Lo triste es que habiendo transcurrido casi la tercera parte de los 72 meses del mandato constitucional de EPN y 69 de los 72 meses del Gobernador de Veracruz, pareciera que la noticia no es –en sí misma- el más reciente de los innúmeros sucesos que han evidenciado sus carencias, especialmente las éticas, sino el hecho que desde el inicio de 2016 no han sentido lo duro sino lo tupido y; una maraña de crisis, dislates, albazos y escándalos se han concentrado en sus personas y familias, haciéndonos parecer como tiempo perdido, por perderse o malgastado para México, el que resta para que dejen cada uno de ellos el poder. Desoladoras cuentas las de estos finales de sexenios que parecieron atractivos y prometedores, cuando menos, a las mayorías que los llevaron al poder mediante su voto por la alianza PRI-PVEM.

Ante este panorama debemos dar a los ciudadanos más poder: procedimientos claros para ejercer la soberanía popular en el sentido de poder exigir en tiempo real transparencia a las acciones gubernamentales y conocer la declaración 3 de 3 de los servidores públicos; reconsiderar la longitud de los periodos sexenales de gobierno que tan pobres resultados han dado a México y podamos terminar por anticipado el período de los malos gobierno.

Deberíamos contemplar en nuestras constituciones Federal y local, la reducción del periodo de los poderes de los titulares del Poder Ejecutivo en México y la revocación de su mandato como mecanismo ordinario y regular de participación político y social, a fin de que el pueblo se salve mediante un proceso electoral organizado, de gobernantes incapaces y/o perjudiciales, como está por ocurrir en Venezuela.

Pero, debo dejar de generalizar, pues si bien es cierto tanto el Presidente de la República como el Gobernador de Veracruz son impopulares y sus gobiernos han fallado, el primero puede encontrar redención política al garantizar un venturoso inicio de funciones al Sistema Nacional Anticorrupción y tomar decisiones de Estadista, como enjuiciar conforme a la Ley al segundo, sin duda un caso perdido. Curiosas paradojas de nuestra vida política: el Presidente de la República más impopular –desde el final de la guerra cristera- puede incrementar su popularidad y aceptación en todo el País procesando conforme a la Ley al gobernador más impopular de ese mismo periodo en Veracruz. Urge a EPN retomar el camino, para que en los 27 meses de poder que le restan (9 veces más que lo que le resta a JDO) pueda reencauzar su senda, así fuere para pasar a la historia como protagonista de una sucesión presidencial ordenada y benéfica en el 2018, mediante un proceso electoral y transición democrática, pacífica, diáfana, con un ganador indiscutido.

El Presidente de la República requiere resolver su día a día, recuperar legitimidad y –si es posible- parte de la popularidad y apoyos perdidos. Si desea que todos dejemos de hablar –muy a nuestro pesar- de las casas blancas; de los 47 desaparecidos de Ayotzinapa; de los depas en Miami; de la inseguridad; del plagio de la tesis con la que accedió al título profesional de licenciado en derecho; del fracaso de sus políticas públicas (como el ridículo en los juegos olímpicos); de la crisis económica que no cesa; del desempleo, la devaluación del peso, el incremento del precio de gasolinas y electricidad; del fracaso de sus reformas “estructurales” y en general, del desencanto de la base moral, social y política que lo llevo al poder, deberá comenzar por combatir la corrupción e impunidad imperante dentro de las filas de su propio partido político. Veracruz representa una oportunidad para que EPN de el giro que México necesita para que el tiempo que resta de su mandato, no sea recordado como una penosa pérdida de tiempo histórico, en que casi todos nuestros problemas se agravaron, sin que haya resuelto prácticamente ninguno.

Versión imprimible Enviar a un amigo Crea un documento PDF con el artículo
Buscar

INICIO    ACERCA DEL AUTOR    NOTICIAS    FORO    TIENDA