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ARTICULOS : Ganar batallas, perder guerras
el 12/7/2016 12:06:16 (691 Lecturas)

Cuando uno ve colapsadas las vialidades, la economía y la gobernanza de México por marchas y plantones de organizaciones magisteriales beligerantes, en pie de lucha, en ocasión de la aplicación de la “reforma educativa” a fe mía, el único de los cambios estructurales que hasta hoy han valido la pena de los múltiples realizados por el Presidente Enrique Peña Nieto, se llena uno de agobio pues habiendo el Gobierno Federal amenazado y usado su mano dura apelando al Estado de Derecho, está hoy humillado, contradiciéndose, más impopular y vulnerable que nunca, a punto de dar marcha atrás por necesidades “políticas”, a los imprescindibles ajustes recientemente realizados al sistema educativo mexicano, para que nuestros niños y jóvenes sean competitivos, productivos, ante las exigencias de un mundo globalizado, donde los empleos y las inversiones irán siempre a donde puedan hacerse mejores negocios.

El Gobierno ha sido expedita para encarcelar a los líderes magisteriales disidentes –que no dudamos sean culpables de delitos- pero se ha mostrado indiferente para proceder legalmente contra políticos y gobernadores del PRI, partido en y del Gobierno del Presidente. Pero aun así, la noticia no es el fracaso, el deterioro de nuestro sistema escolar; la poca o nula calidad de la educación que reciben los mexicanos o; el descarado uso político del sistema de procuración e impartición de justicia en México: los titulares son el conflicto magisterial reprimido por el Gobierno, el asesinato de estudiantes normalistas y manifestantes con intervención gubernamental y el impacto económico de la desafiante rebelión magisterial, a punto de empezar a obtener sus objetivos: que los maestros no sean evaluados; que sean mantenidos los privilegios y prebendas sindicales y; se entregue una vez más, la rectoría del sistema educativo Nacional a mafias magisteriales organizadas, mucho más comprometidas con objetivos políticos que con educativos. Si así ocurriera de nada serviría haber encarcelado a Elba Esther Gordillo, ni haber signado el “Pacto por México”, ni haber actualizado nuestro marco constitucional y jurídico, para hacer posible una educación de calidad en nuestro País.

La reversa de la “reforma educativa” tendrá efectos históricos negativos, pues empieza a vislumbrarse su fracaso por la pequeñez, sectarismo y mediocridad de nuestros gobernantes. Volveremos a perder viabilidad de desarrollo, a pesar de que estamos conscientes de que sin un mejor sistema educativo no habrá mexicanos mejores, ni un México mejor; y que convivimos cotidianamente con mexicanos que, habiendo culminado esforzadamente una carrera, no encuentran espacio, ni empleo bien remunerado en nuestra economía y han debido contentarse con emigrar o trabajar de obreros, taxistas, vendedores o en sectores ajenos a su educación universitaria.

Pero casos como la crisis de la reforma educativa abundan en nuestro País, donde por ganar batallas, los gobernantes pierden definitivamente las guerras, en perjuicio de la sociedad que dicen representar y a la cual deberían dar cuentas. Al analizar la realidad Nacional y Estatal saltan a la vista el solipsismo, la pobreza intelectual, la falta de visión, preparación, educación, sensibilidad y sinceridad de la clase política gobernante, cualquiera que sea su partido político. Lo que aplican es el efectismo, el querer hacer más con menos siguiendo la ley del menor esfuerzo, sin detenerse a realizar diagnósticos y planeaciones serias, estratégicas, de mediano y largo plazo, ni programar debates ni acciones consensadas claras, calendarizadas, articuladas organizada y sistemáticamente para abordar y resolver de fondo cada uno de los muchos problemas que nos aquejan.

Parecería un asunto menor, un reparo intelectual, una simple carencia conceptual, pero por ser el personalismo, el patrimonialismo y la visión de corto plazo estructurales al quehacer político, partidista y gubernamental, México derrocha su tiempo, oportunidades, recursos y pierde vidas peleando y a veces ganando, batallas ampliamente publicitadas por los medios de comunicación, como parte de la propaganda del Régimen y el culto a la personalidad imperante en nuestros gobernantes mientras, en términos históricos se van perdiendo las guerras, pues al no haber sido comprendidos los conflictos en su realidad, complejidad e integridad; los enfoques, programas, políticas públicas y las reformas jurídicas que pretenden incidir en su eventual solución o son paliativos, insuficientes, incompletos, cuando no inservibles, inútiles y resultan peor las curas aplicadas que la(s) enfermedad(es) que se pretendía curar.

Las consecuencias de la egolatría autocomplaciente y demagógica de corto plazo dominante de la “clase política” que nos gobierna están frente a nosotros. ¿Será que lo que le conviene no es resolver los problemas sino administrarlos? ¿No está claro que para los partidos políticos y sus burocracias es mejor negocio que el ciudadano sufra de sus corrupciones, complicidades, violencias y opacidades que resolver sus justas demandas? ¿No ganan los políticos más dinero y privilegios al decir que intentan luchar contra los problemas que al despejarlos?

Día a día se detienen a “capos” y criminales dedicados al narcotráfico, pero la guerra contra las adicciones y el tráfico de estupefacientes está perdida y no se ve para cuando ni como México la pueda ganar. Tenemos el ejemplo de Colombia. Nuestro gobierno presume batallas ganadas a sangre y fuego, exhibiendo a peligrosos delincuentes “aprendidos” por el Ejército y la Marina pero la inseguridad y violencia se acrecientan; se incrementa la inseguridad, la violencia injusticia e impunidad alrededor de nosotros y se ha llegado a niveles irracionales de crueldad, masacre y violencia desde que, por así convenir a los intereses del Presidente Felipe Calderón Hinojosa -después de un presunto fraude electoral y una campaña de miedo que lo llevó a un débil inicio de su gobierno- declaró para fortalecerse, la guerra contra el narcotráfico los primeros días de su mandato. Las batallas continúan pero el gobierno pelea una guerra perdida pues se incrementan anualmente los niveles de consumo de drogas y adicciones en nuestro País; la estrategia de “decapitación” de los “carteles” se ha convertido en un espectáculo mediático sin consecuencias pacificadoras, pues más tarda uno de esos delincuentes en ser capturado o eliminado, que en ser substituido por otro mexicano dedicado al narcotráfico; se han fragmentado ad infinitum las organizaciones del crimen organizado; se ha incrementarse la violencia y la brutalidad en nuestras calles y gana popularidad la narco cultura en México. Según datos del INEGI llevamos desde el 2007 más de 170 mil víctimas de la violencia de esa guerra, hórrida cifra que supera el número de muertos en ese periodo en las libradas en Irak y en Afganistán.

Reflexión idéntica podría hacerse respecto a las “victorias en Batalla” pero “guerras” perdidas declaradas por nuestros gobiernos contra la pobreza; la marginación; la desigualdad; la corrupción; la discriminación de mujeres y grupos minoritarios y vulnerables; el tráfico de seres humanos; la erradicación de la tortura y los ataques contra los derechos humanos. Y claro, el problema por Nacional no deja de ramificarse localmente a niveles amplificados. Los gobernadores de Chihuahua, Quintana Roo y Veracruz pretenden usar a las leyes e instituciones gubernamentales como escudo de impunidad, empeñados en ganar batallas de una guerra que perderán históricamente.

El Estado de Veracruz está quebrado por los 2 últimos gobiernos, debe a sus trabajadores, a pensionados, a proveedores y a la Universidad Veracruzana. A resultas de su pública animadversión hacia Miguel Ángel Yunes Linares, Fidel Herrera Beltrán y su sucesor “lograron” que en el 2012 todos los senadores electos por Veracruz llevaran ese apellido y, habiéndole ganado dos batallas electorales al hoy Gobernador Electo, perdieron ya la guerra, pues el partido al que decían servir perdió 86 años de monopolio de poder en Veracruz y al descubierto están quedando, y quedarán, sus corrupciones e iniquidades.

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