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ARTICULOS : Como lograr los Objetivos de la Reformas Estructurales
el 6/10/2014 12:38:48 (2538 Lecturas)

Desde la Colonización española, los gobernantes del territorio que hoy ocupa nuestro País se han esmerado en creaciones legislativas portentosas por considerar que por la vía de la reforma a las leyes supremas y sus derivadas, encauzan, dirigen, transforman el rumbo de la Nación.

Pero la historia ha sido diferente al querer de los gobernantes. En México, generalmente, las grandes reformas legales quedan a deber, perpetúan privilegios, consienten desigualdades, generan negocios inconfesables, no resuelven de fondo los problemas, perpetúan el poder de las élites, desmovilizan la voluntad ciudadana y generan gran desilusión.

Desde las leyes de Indias de hace más de 400 años que daban un status de protección a los pueblos originarios; pasando por la Constitución Mexicana de 1917, tan idealista como inaplicable; las “reformas estructurales” de Carlos Salinas de Gortari para la privatización de los sectores ferroviario, carretero, de telecomunicaciones, el reconocimientos de las iglesias, la reforma a la propiedad ejidal; hasta las últimas 11 reformas “estructurales” realizadas recientemente, han sido sin duda hitos normativos que nos plantearon nuevos paradigmas para una sociedad –la mexicana- absorta aún en sus problemas ancestrales: la injusticia social, la aspiración de una prosperidad económica que mejore la vida real y cotidiana de la mayoría, las insultantes desigualdades, la falta de educación y cultura política, la corrupción generalizada, la demagogia, el cortoplacismo, la impunidad y la falta de una presencia importante e independiente en el concierto internacional de las naciones.

¿Por qué las leyes no han logrado cambiar para bien la vida de las mayorías nacionales? ¿Cuál es la razón para que presumamos un Estado de Derecho pero prevalezca día a día el incumplimiento flagrante de la Ley y la impunidad? ¿Por qué la expropiación petrolera de 1938 devendrá próximamente en un esquema nuevo de explotación de nuestro más valioso recurso mineral sin tocar los privilegios de las mafias sindicales? ¿Por qué las privatizaciones de los gobiernos neoliberales que han regido este País desde 1982 a la fecha no han sido exitosas ni transparentes?

Después de “transcendentes” reformas constitucionales y legales carecemos de un sector ferroviario operativo; tenemos un sector de servicios de telecomunicación más caros e ineficientes del mundo y después de concesionar a empresas privadas la banca de primer piso y las carreteras tuvimos que “rescatarlos” con dinero de nuestros impuestos? Desde hace muchos años pagamos año con año esos pasivos de nuestros impuestos, como pagaremos el pasivo laboral de PEMEX dentro de poco.

Personalmente, no tengo duda que cada una de los grandes procesos de reforma legal han sido bien intencionados. Concebidos, madurados y realizados por personas que deseaban sinceramente lo mejor para México, pero el balance de los cambios sociales logrados por las grandes procesos de reforma legal, ha sido deficitario, con la notable excepción de la Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma, expedidas por la mejor, más valiente, realista y talentosa generación de cuantas han gobernado México.

No enjuicio desde afuera, desde la cómoda posición del que critica procesos de los que ha sido ajeno, pues aunque hace 4 años decidí desvincularme de la actividad política para concentrarme en quehaceres intelectuales, fui servidor público y me tocó participar en ambiciosos proyectos legislativos que hoy son vigentes (la reforma integral de la Constitución 2000, entre otros). Abordo el fracaso histórico de los grandes procesos de reforma legal realizados en los 2 siglos precedentes en nuestro País y Estado desde un ámbito personal.

Considero pertinente reflexionar sobre estos cuestionamientos pues en los próximos meses y años veremos cómo las 11 “reformas estructurales” aprobadas con bombo y platillo con el concurso de las fuerzas políticas nacionales representadas en el Congreso, deberán verse reglamentadas por leyes secundarias y luego deberán ser aplicadas en el ámbito administrativo, cada una de ellas, de forma fiel a su espíritu, en beneficio ciudadano, por el lapso de este y –cuando menos- el próximo sexenio.

A resultas de las reformas, el costo de la gasolina y el fluido eléctrico deberán bajar. La economía deberá crecer y los beneficios de la ampliación del entorno deberán generar más y mejores empleos. Los monopolios de explotación petrolera, generación eléctrica, servicios de comunicaciones y telecomunicaciones –entre otros- deberán disolverse en beneficio de una mayor competencia que permita mayor calidad y precios más accesibles al consumidor. La representación social ya no estará en un empleado del Poder Ejecutivo, recaerá en una fiscalía independiente que responda a las justas demandas ciudadanas. Hay un nuevo órgano electoral que debe ser imparcial y confiable. El sistema educativo nacional deberá mejorar integralmente y desaparecer los injustificables privilegios que, durante décadas de alianza con el poder, fue concentrando en el SNTE la impresentable Elba Esther Gordillo Morales, hoy presa por diversos delitos.

Ante el fracaso de ambiciosas reformas constitucionales y legales realizadas en el pasado, los gobiernos, legisladores, partidos políticos pero, muy señaladamente todos y cada una de nosotros, debemos analizar con sinceridad qué falló antes para concitar una agenda común, calendarizar la realización de las importantes y refrescantes reformas, a fin de que cumplan con las expectativas y objetivos que frente al mundo han ofrecido sus impulsores a los 4 vientos.

Cada fuerza política, cada detentador temporal del poder y cada ciudadano que se precie de serlo deben contribuir, para que no se malogren, perviertan o falsifiquen esas reformas, y lleguemos juntos a esa tierra prometida en discursos y spots. No soy iluso, ni escribo esto porque sí. Sólo focalizo con seriedad la posibilidad real del cambio verdadero que nos hemos propuesto y han prometido, visualizando las dificultades que enfrentaremos para aplicar cada una de las reformas.

Habrá pues que estar muy atentos y organizados, para que los intereses creados por las grandes corporaciones y grupos de presión social (Televisa, Telmex, el sindicato de trabajadores petroleros de la República Mexicana -STPRM- Estados Unidos, y las mafias empoderadas de toda índole) no degeneren o/y nulifiquen las reformas y tornen lo bueno en malo y/o lo malo en peor.

Es del dominio público que la corrupción, la incapacidad (que a fe mía es una forma más de corrupción), la inseguridad, la crisis económica que lleva más de 30 años y la impunidad, no constituyen una atmósfera óptima para realizar tan delicadas y profundas transformaciones sociales, razón por la cual debemos realizar los ejercicios de ingeniería social y política indispensables para que la transformación propuesta en la Constitución y las nuevas leyes de la Nación sean posibles y exitosas, para que de aquí a 10, 20 años, propios y extraños vean el éxito de las reformas estructurales realizadas en estos últimos 2 años.

El País no cambiará sólo porque la Constitución y las leyes lo hagan. Grandes pasos se han dado en la dirección correcta, pero lo más difícil está por venir, sí deseamos ver los objetivos de tantos cambios estructurales postergados y realizados en manos de 2 años. Nadie puede excusarse de no contribuir para mover a México. Hay proyecto nacional. La sociedad civil debe organizarse más allá de los estrechos límites de los partidos, siempre consecuentes con sus propios intereses. Si dejamos sólo a los políticos la reglamentación, administración y aplicación de las reformas en la opacidad, nuestra generación habrá perdido su oportunidad y nos veremos en el futuro peor que ahora.

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