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ARTICULOS : ¿Hacia dónde va México?
el 26/9/2014 1:00:00 (2758 Lecturas)

El desempleo; la inseguridad; la falta de condiciones objetivas de desarrollo; el auge de la violencia en todas sus manifestaciones; la precariedad de las economías familiares; el incremento de las adicciones; la pérdida de peso específico e influencia de nuestro País en el contexto internacional y la creciente incidencia del cambio climático en nuestras formas de vida, parecerían –y son- las debidas prioridades hacia las que debemos fijar nuestra atención, recursos y políticas públicas, si queremos planes, soluciones “totalizadoras”: un México más sólido, con mayor calidad de vida y desarrollo multidimensional

Pero todos esos graves, complejos problemas de tan urgente solución, con frecuencia nos impiden ver las causas últimas que los originan. Por ver los árboles en su individualidad, perdemos de vista el bosque, el ecosistema en su conjunto con su delicada urdimbre de causas y efectos trascendentes. Lo mismo entre los individuos como entre las sociedades, estamos tan atentos a los actores, escenas y episodios que terminamos perdiéndonos el origen, desarrollo y desenlace de la trama que da sentido a todo el devenir de lo que ha sido, es, será.

De ahí que muchas “soluciones” a nuestra problemática no lo sean en el mediano y largo plazo, pues al no haber entendido las causas profundas de nuestros problemas, las mejores intenciones y los esfuerzos no serán suficientes para llevarnos a mejor condición, pues por atender lo urgente, soslayamos lo verdaderamente importante. Los medios se confunden silenciosamente con los fines. Mucho se hace, poco se resuelve definitivamente.

Nos concentramos en los sucesos, soslayando los procesos que los encausan, explican y generan. En una sociedad democrática gobernada por la opinión ciudadana –manifestada en encuestas, consultas populares, procesos electorales- surge el requerimiento mediato e inmediato de figuras públicas que confronten las preocupaciones de las mayorías como retos personales, pero la praxis política ha devenido a nivel mundial en inmediatismo, en efectismo sin horizonte.

Se pierde de vista el futuro de la próxima generación por concentrarse en la próxima elección. La popularidad es evanescente, veleidosa, pero sigue siendo la brújula de todo aspirante y/o detentador del poder. El poder acaba y termina para los individuos, pero existe la necesidad de reproducirlo, de ser posible en afines, partidarios, correligionarios, compañeros de partido, en personas que tengan y compartan una visión de la realidad.

Elecciones hacemos todos los días –de productos, gobernantes, parejas, camaradas, esfuerzos, acciones- pero muchas de tales elecciones no hacen sentido las unas con otras y suelen no erradicar nuestra problemática, no están individualmente estructuradas, ni articuladas en torno a nuestra identidad. Parecería especulativo, académico, dedicar el precioso tiempo y esfuerzo propio y de nuestras fuerzas sociales, a la elucubración de cuestiones que podrían parecer conceptuales y por ello alejadas de la apremiante necesidad de resolver cuanto antes los muchos conflictos que nos aquejan como personas y colectividades. No es así.

Si no entendemos de veras quienes somos, que queremos y adonde queremos llegar, ninguna ruta nos llevara mágicamente a un destino que ni siquiera hemos visualizado porque, entre otras razones, no hemos sabido encontrarnos con nuestra identidad, eso que somos aunque no sepamos, eso que articula y genera todas nuestras acciones personales y colectivas, más allá de las circunstancias siempre cambiantes del caos dinámico que sobrevivimos, mientras nos sea posible. Por ello, es momento de cuestionarnos sinceramente y definirnos a través de acciones concretas, mesurables, específicas, respecto a 3 cuestiones básicas relativas a nuestra identidad:

1.- ¿Quiénes somos los mexicanos en lo individual y colectivo? Favor de alejar tan necesaria e íntima definición de los márgenes de la razón pura, simple, objetivada. Inútil proyectarse en como quisiéramos nos percibieran los demás.

2.- ¿Adónde queremos llegar? Cuál es nuestro proyecto de vida, el que enmarca y da razón de ser a la infinidad de decisiones personales e individuales, que al reconocerse, generan esquemas de socialización para la consecución de objetivos comunes, llegando a la formulación de un planteamiento con hoja de ruta respecto al destino que de veras queremos darle a nuestra Nación y ¿por qué no? al mundo globalizado.

3.- ¿Qué estamos dispuestos a hacer cada uno de nosotros para resolver de raíz los problemas que padecemos? Porque –ya se sabe- no existe la posibilidad de soluciones mágicas, caudillos salvadores, ni problemas que se resuelvan solos, sin nuestra participación personal, directa, comprometida, tanto en el ámbito personal como en el seno de nuestro cuerpo social, consolidado en el esquema Estado-Nación, estructurado culturalmente, más allá de nuestro Marco legal (Estado de Derecho).

Sin entender nuestra identidad, nuestra proyección de futuro y comprometernos personalmente para hacer realidad nuestros proyectos ¿Cómo concitar a nuestro País en torno a un proyecto de desarrollo nacional totalizador de largo alcance? Hoy no existe un ningún proyecto nacional de esas características ¿alguien lo ha formulado?

Así, entre tanto problema concreto e inmediato, es esencial un momentáneo eclipse de serenidad para ponernos en orden (como individuos y colectividad) frente a nosotros mismos. Es urgente que nos respondamos esas preguntas en cuanto nos sea posible y las preguntemos a los actores sociales predominantes (gobiernos, partidos políticos, precandidatos, etc.) pues de su definición dependerá nuestra posición respecto a la paulatina implementación de las 11 reformas estructurales de largo aliento realizadas por el Gobierno Federal; en el preludio de elecciones que redefinirán nuestro carácter de Nación y, en la perspectiva de que en los próximos 23 meses los mexicanos elegiremos una nueva Cámara de Diputados (dicho proceso electoral iniciará en un par de meses); 21 nuevos gobernadores con sus respectivos congresos (los de Veracruz entre ellos); más de 1000 nuevos alcaldes; y se consultará al pueblo sobre cuestiones trascendentes –ya los 4 partidos políticos más poderosos han anunciado y presentado sus iniciativas para la convocatoria a consultas populares sobre temas específicos- que darán forma a nuestra cotidianidad.

Los diagnósticos están ahí desde hace tiempo. Los problemas los conocemos todos, los sufrimos todos. ¿Cómo resolverlos en definitiva –así sea en el mediano o largo plazo- sin crear peores conflictos, ni complicar alguno de los existentes por resolver uno en concreto? (tómese como ejemplo la inseguridad).

La identidad es el elemento nuclear para entender a las sociedades postmodernas. México no es la excepción. En la definición de nuestra identidad esta la respuesta a preguntas que –tal vez- ni siquiera nos habíamos hecho, pero son fundamentales para una convivencia prospera, ordenada, pacífica, democrática, civilizada. ¿Quiénes somos en realidad? ¿Qué queremos para Veracruz? ¿Qué estamos dispuestos a hacer para lograr que nuestros proyectos se hagan realidad en bien del País que decimos amar?

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